El avión aterrizó en Santo Domingo a las 2:47 de la tarde. Lucas llevaba todo el vuelo con la frente pegada a la ventanilla, sin poder dormir. Tenía el relicario de su abuela apretado en la mano y el reloj de su padre puesto en la muñeca. Se sentía más pesado que cuando se fue.
Cuando salió por la puerta de llegadas, el corazón le latía tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho.
Y entonces los vio.
Valeria estaba de pie en primera fila, con los ojos hinchados de tanto llorar. A su