Lucas Rafael Montenegro tenía cuarenta y dos años y estaba de pie en la misma terraza donde su bisabuelo había pasado tantas tardes mirando el mar. El año era 2072. El viento de Santo Domingo seguía siendo cálido y salado, como siempre. A su lado, su esposa Camila sostenía la mano de su hija menor, mientras sus tres hijos mayores jugaban en el jardín con sus primos.
La casa grande se había convertido en el centro de una familia que ahora abarcaba cinco generaciones. La Fundación Lucas Montenegr