El silencio en la casa era tan denso que se podía sentir.
Habían pasado tres días desde que Lucas pidió hablar con Víctor a solas. Tres días en los que Valeria casi no dormía y Diego caminaba por la casa como un león enjaulado. Al final, después de muchas discusiones, aceptaron. Pero con condiciones muy claras: el encuentro sería en la casa, en la sala de estar, y ellos estarían en la cocina, lo suficientemente cerca para escuchar todo, pero sin interrumpir.
Víctor llegó puntual, vestido de man