Habían pasado dos semanas desde la visita de Víctor y la casa ya no era la misma.
La tensión se respiraba en cada rincón. Las comidas, que antes eran ruidosas y llenas de risas, ahora transcurrían en un silencio incómodo. Lucas comía mirando su plato, respondía con monosílabos y pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en su habitación. Mateo y Emma habían empezado a preguntar qué pasaba, pero ni Valeria ni Diego sabían cómo explicarles.
Una noche, después de la cena, Valeria decidió que ya n