Los siguientes días fueron un infierno silencioso.
Lucas había cambiado. Ya no era el niño alegre y ruidoso que corría por toda la casa. Ahora pasaba mucho tiempo encerrado en su habitación, mirando la foto de Rafael que Víctor le había regalado. Apenas hablaba durante las comidas y respondía con monosílabos cuando le preguntaban algo.
Valeria lo observaba con el corazón destrozado. Cada vez que intentaba acercarse, Lucas se cerraba más.
Una noche, después de que Mateo y Emma se durmieran, Vale