Lucas tenía veinte años y estaba sentado en el balcón de un pequeño apartamento en el barrio de Chamberí, Madrid. La ciudad brillaba bajo las luces del atardecer. Desde allí podía ver parte del parque y el bullicio lejano de la gente que regresaba a casa. En sus manos sostenía dos objetos que lo habían acompañado durante toda su vida: el reloj de oro de su padre y el relicario de su abuela Isabel.
Sonrió con nostalgia.
Habían pasado diez años desde aquel viaje que lo rompió y luego lo reconstru