La sorpresa fue tan evidente y grande en el rostro de la joven que, ante el silencio, Kian se sintió muy nervioso. La propuesta había sido apresurada y bien sabía que toda una locura, pero algo sí era muy cierto, y era el hecho de que no quería alejarse de ella. No en ese momento donde la sentía incrustada bajo la piel y la necesitaba como si respirar dependiera de ella, como si fuese el aire que entraba a sus pulmones y le permitiera vivir.
La miró expectante, esperando una respuesta, pero la