En cuanto subieron a la camioneta, Francois pisó el acelerador, sabiendo que era cuestión de minutos para que Piotr se diera cuenta de que se habían llevado a su hija.
Iban en una carrera a contra reloj, deseando llegar al aeropuerto y marcharse sin ningún contratiempo, pero todos sabían que no la tenían tan fácil como lo querían pensar.
El silencio los acompañó por largos minutos en los que Annika no podía creer que Kian fuese por ella. Se estaba arriesgando demasiado, pero eso parecía import