Annika y Kian se encontraban abrazados, él apoyando su barbilla en el hombro de ella mientras sus brazos la sostenían con firmeza y ella recostada en su pecho sosteniendo en su mano una taza de chocolate caliente.
Observaban en completo silencio la impresionante vista que les ofrecía el ventanal: el mar agitado, la espesa neblina y el cielo gris. En esa época del año, San Francisco, tenía un clima fresco y la temperatura descendía aún más por las noches, por eso se daban calor estando abrazado