Entre la espada y la pared (1era. Parte)
Al día siguiente
Londres
Prisión del estado
Blake
Siempre decía que la lealtad era efímera. No existía. Todos tenían un precio. Algunos se vendían por dinero, otros por conveniencia, y al final, todo se resumía en un eco de traición. Y aunque Ronald había mostrado —o fingido— lealtad en su momento, nada me terminaba de convencer. Había algo distinto en su mirada, una fibra humana que lo traicionaba, y esa fibra… era David.
Ronald ya estaba allí, con esa calma suya que más parecía burla. No habí