Lo que sentimos (3era. Parte)
El mismo día
Islas Maldivas
Cristal
Necesitaba una maldita señal de que podíamos escapar, pero en su lugar David quería jugar al héroe, como si eso pudiera devolverme la paz, como si con eso bastara para salvarnos. El tonto no escuchaba razones, al punto de proponerme huir sin él.
Me quedé en la habitación con el corazón en vilo, sabiendo que no podía permitir que el miedo me paralizara. Busqué el arma en el armario con manos temblorosas, revisé que tuviera balas, agarré el bolso y esperé con el