Las dos semanas pasaron volando, el día de la boda llegó. Y aquí estaba yo sintiendo mi corazón explotar de alegría, con mi rubia bestia a mi lado sosteniendo con firmeza mi mano tratando de transmitirme paz, tranquilidad, compañia.
Él siempre estaría sosteniendo mi mano, él nunca me abandonaría.
Por ello y por muchas, muchas cosas más lo amaría inmensamente por el resto de mis días.
El hombre frente a nosotros hablaba, yo sin embargo no podía escucharlo aunque fingía que sí. Con una sonrisa en