—¿Te comeras eso?— preguntó mientras yo llenaba mi hamburguesa de ketchup.
Levanté la vista de mi deliciosa comida para verlo, él me miraba con desconcierto e hizo una mueca de asco al ver mi comida.
—Por supuesto— asentí con convicción— si pude comer tu comida puedo comer lo que sea.
Su comida sí que era un asco, dijo que sabía cocinar pero eso no era más que una vil mentira, pues, todo le salió tan mal que finalmente terminamos almorzando dulces y bebidas gaseosas. Pero al caer la noche envió