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—Debemos irnos ya.— volvió a decir Damián por milésima vez en la hora que estábamos aquí.

Pusé los ojos en blanco. Juro que en ocasiones me provocaba golpear su hermoso rostro.

—No me iré aún.— sentencié enojada, y es qué desde hace rato le estaba diciendo que no me iría hasta ver al pequeño.

Nos encontrábamos en el hospital, hace aproximadamente dos horas recibí una llamada de Cam diciéndome que su bebé por fin había decidido nacer. Enseguida le dije a Damián que vendría a acompañar a mi amigo
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