Salimos de la clínica sin decirnos una palabra, sólo abrazados, cada cual metidos en sus pensamientos. Él tenía una tonta sonrisa en su cara, que dejaba claro que todo lo que había vivido dentro de las blancas paredes del edificio, le había gustado.
En cambio yo, estaba más confundida que nunca, y es qué, no me hacía gracia estar nuevamente embarazada, me llenaba de terror el hecho de que pudiese pasar lo mismo que la primera vez. Pero al mismo tiempo y muy, muy dentro de mí, no podía evitar s