Hace unos minutos Damián había entrado en la habitación a decirme que debía bajar para tomar la cena con él en el comedor. Y la verdad que después de saltarme el almuerzo por culpa de él, ahora si tenía hambre así que sin llevarle la contraría bajé.
Al llegar al comedor me senté en la misma silla en la que él me había sentado en la mañana, él aún no llegaba.
Mi actitud tranquila y de obediencia se debía a que cada dos segundos me repetía mentalmente que sí había logrado soportarlo por poco más