Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer se filtraba por las cortinas cuando Rowan llegó a casa. La camisa estaba arrugada, la barba crecida sombreaba su mandíbula, y aun así, al verla en la cocina, dejó caer el cansancio un segundo para regalarle una sonrisa. Se inclinó y le dio un beso en la boca, cálido, largo, como si quisiera recuperar en unos segundos todo lo que la noche en el hospital le había robado.
—Voy a darme una ducha rápida







