La mañana asomaba con una luz fría y pálida que se filtraba por la ventana de la habitación que Aria ocupaba temporalmente en la casa de Sophie. El vidrio empañado dejaba pasar apenas un resplandor blanquecino, y el silencio del lugar estaba teñido por el crujir distante de la calefacción encendiéndose a intervalos.
Habían pasado varios días desde la salida con Demian. Días en los que ninguno de los dos había dado el primer paso para hablar. No estaban peleados… pero estaban suspendidos. Como