Desperté, miré a mi lado y Nicholas se veía dormido. Me acomodé y quedé de lado para observarlo.
—Emilia, duérmete. Aún quedan tres horas de viaje.
Me avergoncé, no estaba dormido y se dio cuenta de que lo estaba mirando.
—No puedo dormir —dije.
—Tampoco yo. ¿Vemos una película?
—Okey, escógela tú. —Levanté y deje caer los hombros.
Puso Titanic. Era obvio que había una doble intención en eso. Recordé la forma en que nos conocimos y una risita poco disimulada salió de mi boca.
Estábamos concent