Mientras Nicholas tomaba el arma con fuerza, un hombre se hacía visible entre la noche.
Nunca lo había visto, era alto, robusto, canoso y parecía granjero. Nos tocó la ventana y Nicholas bajó un poco el vidrio para saber que quería.
—¿Están bien? ¿Puedo ayudarles?
Mi rubio le explicó que nos habíamos quedado estancados en el lodo, así que ofreció ayuda para sacarnos por la mañana, cuando se pudiera ver algo.
—Señora, la veo pálida, ¿por qué no vamos a mi casa que queda a solo un par de pasos?