La ropa de Sofía estaba completamente arrugada tras lo ocurrido la noche anterior.
Al verla así, Alejandro le arrojó despreocupadamente una camisa blanca.
Sofía la tomó y se dirigió directamente al baño.
A través de la puerta semi-transparente del baño, la silueta delicada y seductora de Sofía se proyectaba levemente. Alejandro, que había logrado calmarse, sintió de nuevo que el fuego dentro de él se avivaba sin control.
En ese momento, comenzó a sonar el agua.
Aunque intentó mantenerse sereno,