—¿Sofía, estás jugando sucio? Jamás pensé que la señorita de la familia Valdés fuera tan descarada —soltó Alejandro con frialdad.
—¡Bah! Sofía lo fulminó con la mirada.
—¡Descarado tú y toda tu familia!
Sin pensarlo más, Sofía encendió la luz del cuarto. Pero la lámpara evidentemente había sido manipulada: al encenderse, el cuarto se tiñó de un rojo aún más intenso.
Sofía se quedó sin palabras. Su expresión se tornó sombría.
Alejandro entrecerró los ojos con una mirada peligrosa. La desconfianza