Sofía estaba con los nervios de punta, mirando fijamente la puerta.
Afuera, los pasos se detuvieron de repente. Probablemente estaban pegados a la pared, tratando de escuchar algo.
Alejandro levantó la vista y lo primero que vio fue la mandíbula perfectamente delineada de Sofía. Su mirada se deslizó sin control hacia abajo, pasando por su clavícula… y deteniéndose en una piel pálida apenas visible.
Sofía olía bien, pero no a perfume barato ni a colonia pesada. Era un aroma suave, natural, como s