—¡Yo tengo a Rivera de mi lado! ¡No le tengo miedo a ese tal Ruiz!
En este momento, Héctor ya estaba completamente cegado por el deseo. Se quitó la camisa, con el rostro lleno de emoción:
—¿La señorita Valdés no es muy gritona? Pues tendrás tiempo de sobra para gritar en un rato.
—¡Héctor, suéltame! ¡No me toques!
Héctor se le echó encima a Sofía, la inmovilizó y rápidamente le metió una bola en la boca. Luego, sin dudar, empezó a golpearla con un látigo.
—Escuché que para agradar a Alejandr, ha