Capítulo 50
—¡Yo tengo a Rivera de mi lado! ¡No le tengo miedo a ese tal Ruiz!

En este momento, Héctor ya estaba completamente cegado por el deseo. Se quitó la camisa, con el rostro lleno de emoción:

—¿La señorita Valdés no es muy gritona? Pues tendrás tiempo de sobra para gritar en un rato.

—¡Héctor, suéltame! ¡No me toques!

Héctor se le echó encima a Sofía, la inmovilizó y rápidamente le metió una bola en la boca. Luego, sin dudar, empezó a golpearla con un látigo.

—Escuché que para agradar a Alejandr, ha
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