“Chirrido…”
Sofía escuchó claramente cómo se abría la puerta. Pronto, el rostro astuto y despreciable de Héctor apareció frente a ella.
—A ver a ver. El señor Rivera de verdad que no sabe disfrutar. Tener semejante bombón a la mano y preferir a esa estatua sin gracia de Mariana... Si fuera yo, ni loco me perdería esta oportunidad. En vez de humillarte delante de todos, yo te adoraría —dijo mientras se frotaba las manos y se acercaba con ansias.
Sofía reprimió el asco que le revolvía el estómago.