Todos se quedaron inmóviles, mirando a Mateo de pie en la entrada del salón privado.
Su rostro era frío y su tono aún más helado:
—Pregúntales a ellos.
Alejandro frunció ligeramente el ceño.
Julián echó un vistazo a los dos que Mateo acababa de empujar al interior, y enseguida los reconoció: eran dos de los juniors que siempre andaban con Héctor.
—¿Qué hicieron ahora para que Mateo se les echara encima? ¡Hablen ya!
Los dos se miraron entre sí y uno de ellos respondió con desdén:
—Es por Gerardo,