—Está bien —dijo Sofía con tranquilidad al ver que Luna se alejaba. Solo entonces volvió a subirse al coche.
Un rato después, llegó el chófer de los Valdés.
Al ver que era Ernesto quien conducía, Sofía preguntó:
—¿No se suponía que hoy le tocaba a Carlos?
—Carlos se enfermó, señorita. Yo estoy cubriéndolo —respondió el tío con una sonrisa—. ¿Quiere que la lleve directo a casa?
—Ajá —asintió Sofía—. Arranca, por favor.
—Claro.
Mientras el coche avanzaba, Sofía se recostó contra la ventana con cie