Leonardo miró de reojo a Elías y, con un suspiro resignado, soltó:
—Está bien, está bien… yo voy por las materiales. Ustedes sigan con lo suyo.
Con las llaves en la mano, salió rumbo a la puerta principal de la casa Casanova.
—¿Por qué se fue tan rápido? —Sofía Valdés se estiró un poco para mirar, pero Elías se interpuso en su línea de visión.
—La pomada que te di, ¿dónde está? —preguntó con su tono seco.
—Siempre la traigo en el bolsillo.
Sofía sacó el pequeño frasco y se lo entregó. Elías lo t