—¿Eh? Esto… —el director dudó, incómodo.
Nunca había existido un precedente así.
La voz de Alejandro se volvió más fría:
—¿Hay algún problema?
—No… no, en absoluto.
¿Cómo se atrevería a decir que sí? No podía ofender al hombre que sostenía las finanzas de la universidad.
Con la orden ya dada, al director no le quedó más remedio que susurrar al profesor vigilante que trasladara a Sofía Valdés al salón contiguo.
Sofía frunció el ceño.
¿Qué demonios es esto?
Al llegar al otro aula, el profesor le i