Cuando el Javier lanzó aquella pregunta, Alejandro mostró con claridad su fastidio.
—¿No se supone que ya quedó todo resuelto? ¿Para qué seguir limpiando su nombre?
De un manotazo arrojó los documentos sobre el escritorio. En ese mismo instante, la puerta se abrió y Mariana entró con paso firme.
Al verla tan alterado, dejó escapar una leve sonrisa y preguntó con suavidad:
—¿El trabajo de Javier no te dejó conforme? ¿Por qué te enojas tanto?
En cuanto recibió en la universidad la noticia de que