—Pareces contenta.
—Para nada, te equivocas.
Sofía lo miraba fijamente, sin apartar los ojos de Elías.
—Yo nunca me equivoco.
Él con el rostro impasible salió del cuarto.
En ese momento entró Bruno.
—Señorita Valdés, la llevo a casa.
—Está bien.
Ella lo deseaba; entre más pronto regresara, mejor.
Si tardaba un poco más, Mateo la bombardearía con mensajes.
Esa noche estaba claro que Elías tenía otros asuntos, ni siquiera se tomó la molestia de fijarse en ella.
Cuando Sofía bajó, él ya había salid