—Vengo por el material de repaso.
La voz fue seca y directa. El representante de la clase, de pie junto al escritorio, tragó saliva al ver al guardaespaldas de negro en la puerta.
—A… aquí tienes… —balbuceó, entregándole los cuadernillos con extremo cuidado.
El hombre no dijo nada más. Tomó los papeles y se dio media vuelta, saliendo del aula como si no existiera nadie más.
Apenas se fue, la clase quedó en silencio absoluto.
—¿Y ese quién demonios era?
—¿Cómo voy a saberlo? Les dije que no publi