Al escuchar esas palabras, Lola se apresuró a dar un paso al frente, explicando con torpeza:
—Señor Rivera, no es así… ¡Luisa no tiene nada que ver! Fue idea mía agradecerle, todo esto es solo decisión mía.
Sus ojos brillaban de una sinceridad que buscaba convencerlo.
La señora Rivera, al notar que su nieto había asustado a la muchacha, se adelantó para tomarla de la mano y atraerla a su lado:
—Ya, ya, ¿para qué tanta dureza? Yo veo que Lola es una niña de buen carácter, y me cae bien. Sofía ya