Capítulo 244
En la comisura de los labios de Alejandro se dibujaba un rastro de frialdad.

Hacía apenas un instante había distinguido, con absoluta claridad, la silueta de una mujer idéntica a Sofía en aquel piso.

¿Y ahora pretendía que creyera que Sofía podía volar para escapar?

Justo cuando Alejandro se acercaba a la mesa, el secretario Javier llegó apresurado, con gesto de alarma.

—Rivera, la señora ya está aquí.

Al escucharlo, Alejandro se detuvo por un instante.

Mateo, en cambio, habló con parsimonia:

—R
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