—…Me equivoqué de persona.
—Ya no están comprometidos, así que entre ustedes no queda ningún lazo. Con quién se vea o deje de verse Sofía no te incumbe. ¿Necesitas que tu abuela te enseñe algo tan obvio?
—No.
Alejandro respondió con la boca, pero claramente no escuchó.
Enseguida buscó un pretexto para abandonar el salón.
El secretario Javier lo siguió de cerca.
Con el rostro endurecido, Alejandro ordenó:
—Llama a casa. Que la sirvienta Carmen revise si Sofía está ahí.
—Señor Rivera, con lo herid