—Dime.
—De tus crímenes yo no sé absolutamente nada.
—Ajá.
—Entonces, si de pronto me arrastras contigo, ¿no deberías darme al menos una salida segura para protegerme?
—¿Quieres decir que, si un día termino en la cárcel, también deba limpiar tu nombre?
—¡Yo no soy culpable!
—¿Y entonces de qué estás hablando ahora?
—Tú…
Sofía sabía perfectamente que Elías fingía no entender.
Con esos cien mil millones de pesos para lavar dinero, él tenía la certeza de que ella no se atrevería a decirlo en voz al