—Lo que el señor Rivera piense, así será.
Sofía habló con indiferencia:
—De todas formas, usted siempre me ha visto como una cazafortunas. ¿No fue usted quien dijo que soy una mujer ambiciosa, obsesionada con trepar más alto? Pues bien, si así lo cree, entonces voy a subir lo más que pueda. El señor Casanova me conviene mucho más que usted. Al menos… él me ama de verdad, no anda enredado con otras mujeres y, sobre todo, no tiene hijos ilegítimos.
En la Ciudad Brava llevaba meses corriendo el esc