—Así es —asintió Sofía, sin levantar la mirada—. ¿Qué más podría querer?
Alejandro había supuesto que, al menos, ella intentaría explicarle por qué la noche anterior se había subido al coche de Elías.
Pero, para su sorpresa, Sofía no parecía tener la menor intención de hacerlo. Ni una palabra. Ni una excusa. Nada.
Esa indiferencia, esa ligereza con la que lo ignoraba, le apretaba el pecho.
Pero luego recordó que ya había decidido reprimir sus sentimientos por ella. Si había tomado esa determinac