Esa noche, cuando Alejandro regresó a casa, lo primero que notó fue que en la sala solo andaba la sirvienta, recogiendo cosas en silencio.
—¿Dónde está Sofía? —preguntó, sin quitarse el abrigo.
—¿La señorita? Hoy no ha regresado, señor.
—¿No ha regresado? —repitió Alejandro, mirando de reojo el reloj colgado en la pared—. Ya son las diez… ¿qué clase de clases duran hasta tan tarde?
—Tal vez… tal vez hubo algún evento en la universidad —aventuró la sirvienta con timidez.
—¿Evento? ¿En la universi