Al ver que Alejandro y Mariana se daban la vuelta para marcharse, varias damas presentes no pudieron contener la risa.
—¡Qué escena tan ridícula! Sofía bailó toda la noche y, aun así, no pudo con una sola aparición de Mariana.
—Siempre lo he dicho: en el corazón del señor Rivera, Mariana está en el cielo… y tú, Sofía, en el lodo. ¡Lo de hoy es el trato que te mereces!
—Deja ya de hacer el ridículo, Sofía. Mejor guarda tus jueguitos para alguien que te los compre.
***
Las burlas se desataron sin