Varias miradas se cruzaron entre el grupo de guardias; la duda se reflejaba en sus ojos.
—Lo siento, señorita García… tal vez debería llamarle al señor Rivera. Si él sale a recibirla, con gusto la dejamos pasar.
—¡Ustedes…! —Mariana no esperaba que dos pequeños guardias tuvieran el atrevimiento de plantársele frente.
Sacó su teléfono y marcó el número de Alejandro.
Llamó varias veces, pero nadie respondió.
Intentó con el secretario Javier. Tampoco contestó.
Entonces unos invitados salieron al pa