Todos contuvieron la respiración por un instante.
Todos sabían que esa noche, el evento pertenecía a la familia Casanova.
Lo que acababa de hacer Elías era, sin rodeos, una advertencia brutal para todos los presentes.
Alejandro y Mariana no tardaron en notar el alboroto.
Cuando los ojos de Alejandro se posaron en Sofía, aún sostenida entre los brazos de Elías, su mirada se tornó gélida al instante.
—Vaya con la señorita Valdés —murmuró Mariana, con tono agrio—. Apenas lo vio y ya logró que el se