Mariana frunció el ceño con fuerza.
Antes, era ella quien acompañaba a Alejandro a todas esas cenas y galas, grandes o pequeñas.
Pero esta noche no era cualquier evento. La gala benéfica no solo reunía a lo más selecto de la ciudad; corría el rumor de que incluso asistiría Elías Casanova desde el extranjero.
¿Y quién en la ciudad no conocía el peso de ese nombre?
Era el amo y señor del juego sucio fuera del país.
Con su respaldo, uno podía andar por cualquier territorio como si fuera dueño del