—Eh, ustedes dos —intervino la voz imparcial de Adrian Ross, revisando su celular como si nada fuera de lo común estuviera sucediendo a su alrededor. Aunque, ciertamente, la rivalidad entre Gold y Le Roux era bastante común—. Tenemos otra reunión con la señora Humble en una hora. ¿Podrán mantener la cabeza fría un poco más o tirarán la toalla a estas alturas?
—Para mí no es ningún problema, pero no me quedaré callado si escucho otro comentario astuto de su parte —aseveró Gold impaciente.
—En es