Alessa vio a Leonardo recargado de su Lamborghini rojo, usando gafas oscuras y un abrigo elegante que colgó hasta las rodillas. Allí se encontraba su apuesto esposo esperándola, o más bien esperando que ella abordara su querido Mercedes Benz. Fue directo hacia él y no le sorprendió que, en cuestión de segundos, su boca estuviera robándole por completa la respiración vital. Con un leve gemido de satisfacción, ella lo abrazó del cuello y él la enjauló por la cintura.
—Hola, señor Gold —saludó si