Esa mañana, la pelirroja y el magnate desayunaban juntos en la cocina de la mansión. Uno al lado del otro. Tan cerca que se veían de reojo, cómplices. Vale, que tenían una vida sexual bastante activa y gozaban de los juegos. Ya ni vergüenza sentían al practicar algo nuevo. Disfrutaban de la experiencia y esa mañana ambos se miraban a los ojos, recordando las cosas ardientes que últimamente venían haciendo.
Pero lo que despertaba la verdadera curiosidad de Alessa, eran los diez minutos que Leona