La gala había alcanzado su clímax entre risas educadas, copas brillando bajo los candelabros de cristal y palabras medidas entre los peces gordos del imperio empresarial ruso. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que se notara una ausencia inesperada.
Mikhail Baranov había abandonado la gala.
Sin una palabra, sin una mirada hacia nadie, el poderoso hombre salió de aquella sala iluminada como si su presencia jamás hubiera estado allí. Solo Viktor y Dimitri lo siguieron. El silencio que dej