El reloj de la oficina marcaba las diez y media de la mañana. La luz del sol entraba suavemente por las amplias ventanas, iluminando el escritorio de Alexandra Morgan. Ella estaba sentada en su silla ejecutiva, con la mirada perdida en la pantalla de su teléfono. Desde que había regresado con Mikhail esa mañana, después de que él resolviera unos asuntos en su empresa, no había podido concentrarse en nada más que en una sola cosa: la llamada que debía hacer a sus padres.
Sabía que era inevitable. No podía postergarlo por más tiempo. Alessandro y Alicia Morgan debían enterarse pronto de su boda con Mikhail Baranov… y solo pensar en la reacción de ambos le hacía temblar las manos.
La boda de sus hermanas había sido tratos y demás. Pero la suya tampoco… su boda no tenía nada de cuento de hadas. No era una boda planeada con tiempo, no era el resultado de un romance que todos envidiaban. No. Era una boda marcada por la intensidad y la fuerza de Mikhail, por esa protección feroz que él le