El silencio en el interior del vehículo era denso, como si el beso entre ellos hubiera dejado una carga eléctrica que aún vibraba en el aire. Mikhail no dijo una palabra cuando Alexandra se alejó, ni cuando la puerta se cerró tras ella. Solo se quedó allí, inmóvil, con las manos cerradas en puños y la mandíbula apretada.
Dimitri lo observó brevemente por el retrovisor, pero sabía demasiado bien cuándo no decir nada. Conocía ese rostro, conocía ese brillo en sus ojos. Era el de un hombre acostu