El dia había dado paso a la tarde apacible sobre Moscú. Los jardines de la Mansión Orlov se extendían silenciosos, como si aguardaran la calma necesaria para recibir la grandeza de quienes habitaban sus muros. Los Morgan descansaban en las habitaciones de invitados después del largo viaje, mientras Alexandra, fiel a su rutina, se mantenía en su despacho. Aquel espacio era un reflejo de ella: ordenado, sobrio y elegante, con una gran mesa de roble oscuro, estanterías repletas de documentos organ